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Mauro Valdés, Chairman del seminario Políticas y Oportunidades de Cooperación en Innovación y Presidente del Programa Alta Ley

“Es importante tener un Roadmap Tecnológico de la minería chilena mirando al 2035”

Fiel a su creencia de una minería como plataforma de futuro para el país, con una visión virtuosa, incluyente y sostenible, el Presidente del Programa Alta Ley, Mauro Valdés, también tiene las cosas clara en el cargo que ostenta, ya que uno de los objetivos a largo plazo es llegar a exportar unos US$ 4.000 millones en bienes, servicios y tecnologías asociadas a la industria.

Además, Mauro Valdés es chairman del seminario Políticas y Oportunidades de Cooperación en Innovación que se realizará en el marco de la EXPOMIN 2018, ocasión en que aprovechará de dar a conocer con mayores detalles el Programa Alta Ley que está realizando.

Desde esa óptica, Valdés conversó con Prensa EXPOMIN sobre los principales hitos que se abordarán en este debate, afirmando que el objetivo de este encuentro es provocar discusión en torno al desarrollo tecnológico e innovación destinado a la minería.

 

1.- Como Chairman del Seminario POLÍTICAS Y OPORTUNIDADES DE COOPERACIÓN EN INNOVACIÓN, y Presidente Programa Minería Alta Ley, ¿Cuáles son los principales tópicos que se abordarán en esta instancia en el marco de EXPOMIN 2018?

R: Chile es conocido a nivel mundial como un gran país minero y, por lo tanto, ya existe una marca que nos permite abordar este desafío con más facilidades y tenemos que aprovechar ese espacio.

Esta es una instancia de gran significación en esta nueva versión de EXPOMIN, ya que es la primera del nuevo gobierno.

Como Programa de Alta Ley hemos venimos desarrollando un esfuerzo muy sistemático y fuerte de asociatividad, de coordinación del ecosistema de innovación minero y de acercamiento entre compañías, proveedores, mundo de las ciencias, académicos y centros de innovación, de manera de ir avanzando en las tecnologías que necesitamos.

El esfuerzo sostenido en esta materia es absolutamente clave y la discontinuidad de estos puede echar por tierra no solo aquellos que estamos viendo, sino también el futuro que cada día toma más forma y convoca más voluntades. Ya tenemos una cartera de proyectos de alrededor de US$ 120 millones funcionando en esta materia al amparo del Roadmap tecnológico para la minería chilena, el cual lanzamos a principio de 2016.

Desde este punto de vista, creemos que una de las claves para la sofistificación y diversificación productiva en Chile es precisamente no darle vuelta la espalda a la minería, sino que concentrarse para desarrollar bienes, servicios y tecnología que tengan relación con ella.

2.- ¿Qué es lo que busca provocar este seminario en la industria de la minería chilena?

R: El seminario tiene por objeto, en primer lugar, difundir lo que se ha hecho como Programa Alta Ley a todo el público en general, pero especialmente a las nuevas autoridades de gobierno.

En segundo lugar, provocar la discusión en torno a lo realizado y contar con el apoyo, y ojalá liderazgo, de todas estas personas ligadas a la minería y de las que han colaborado con el programa.

Y en tercer lugar, también hacer un recuento de cuáles son los principales proyectos que se han estado desarrollando en este último tiempo en materia de innovación y desarrollo tecnológico en minería y prospectar los que vienen en el futuro.

3.- El lema del XV Congreso Internacional de EXPOMIN es “INNOVACIÓN PARA EL DESARROLLO MINERO”. En ese sentido ¿estamos efectivamente innovando en la minería chilena y latinoamericana y cuánto nos falta para tener los estándares de clase mundial?

R:  Lo primero que tenemos que decir es que la minería chilena está dentro de los estándares mundiales. Lo que pasa es que la minería es una actividad bastante conservadora por razones de tipo cultural, pero también porque existe dentro de la industria ciertas características que hacen que la innovación sea más compleja.

Sin embargo, lo que estamos viendo a nivel mundial es una cantidad absolutamente inédita de disrupciones en diferentes industrias, por lo que uno puede preguntarse en forma bien legítima por dónde puede venir el “Uber de la minería” y si ese Uber de la minería produce una disrupción como la que se está produciendo en materia de transporte, como estamos preparados en Chile para que ella se produzca desde acá, para ser protagonistas y no meros espectadores de ella.

Lo anterior evidentemente es una amenaza, pero también puede ser una gran oportunidad para Chile si estamos preparados para enfrentarlo y protagonizarlo.

En ese sentido, lo que estamos abordando ahora son desafíos que son un poco más cotidianos, pero estamos abriendo espacios claros para innovación más disruptiva dentro de nuestra actividad.

Tanto es así que hay varias publicaciones a nivel internacional que están haciendo notar los esfuerzos que se están haciendo en Chile en materia de cantidad de start-ups dedicados a resolver problemas mineros como también en otras industrias que tengan problemas semejantes.

Además, la minería actual enfrenta como desafío poder transformarla en una minería de Alta Ley del conocimiento, ya que esta se caracterizó por grandes depósitos que estaban relativamente cercanos a la superficie, de altas leyes, en ambientes con desafíos, pero no extremos. Desde hace unos 8 a 10 años atrás entramos a una etapa donde mantener la cantidad de producción, de unas 5,5 millones de toneladas, se nos está haciendo muy difícil y, por lo tanto, la innovación en materia de energía, uso de agua, inserción comunitaria, en las minas y en los procesos, además de los desafíos que impone la tendencia mundial, por ejemplo para controlar los gases de efecto invernadero, entre otros.

La amenaza para la minería chilena es no lograr mantener nuestra eficiencia y productividad, ya que podría entrar en una fase de declinación y con eso se nos apaga un importante motor de crecimiento y desarrollo.

Por lo tanto, es clave que el programa Alta Ley apoye la productividad y la eficiencia de los proyectos mineros a través de innovación, para ello producimos ideas, soluciones, ingeniería, ciencia, tecnología y esa es la clave en donde el crecimiento de la minería y de la innovación van a la par.

Por otra parte, se está dando una conjunción de circunstancias que son muy favorables para Chile: aumento considerable en la demanda de cobre para la electromovilidad, demanda mas exigente en materia de huellas socioambientales, y por otro lado la explosión en la demanda de litio y otros minerales abundantes en nuestro territorio, asociado a la generación y almacenamiento de energías, para lo cual nuestro desierto de Atacama presenta condiciones inigualables. Chile puede convertirse en el nuevo Houston de la energía solar, y esto nos plantea una oportunidad que es equivalente al viaje a la luna, en términos de la motivación que ello genera, el posicionamiento potencial de nuestro país, pero también las exigencias en términos de capacidades, de coordinación, de encarar estratégicamente esta oportunidad.

4.- Usted en esa instancia también señaló que el programa quiere fortalecer la competitividad de la minería en el país. ¿A qué se refiere con ese fortalecimiento de la competitividad y cómo se hace en la industria?

R: La minería chilena atrajo inversión por 40 mil millones de dólares entre los 90 y el 2004, según cifras de la Sonami, y multiplicó la cantidad de producción por alrededor de cuatro veces. A partir del 2004 y hasta el 2016 se invirtieron 48 mil millones de dólares y no se creció en producción, por lo tanto ahí hay un espacio de productividad de la inversión de capital que es absolutamente clave de abordar.

Por otro lado, las condiciones de explotación también se han puesto más difíciles, los yacimientos que se van descubriendo están más profundos o son más pequeños o de menores leyes, por lo que hay que desarrollar fórmulas para poder llegar a la inversión en forma asociativa, tal como se está produciendo hoy en el proyecto Nueva Unión, en donde dos compañías mineras que tenían proyectos relativamente cercanos están construyendo infraestructura conjunta.

Pero también aquellas faenas que han entrado a una fase de madurez, que llevan más de 15 o 20 años en explotación, hoy tienen desafíos gigantescos en materias mineras y de procesos, porque están entrando a rocas más duras, a yacimientos más profundos, con problemas como la obtención del agua, a minerales con contaminantes, etc, y ese tipo de desafíos si no los solucionamos, efectivamente nuestra minería entra en una fase de crecimiento de costos y por lo tanto de caída de competitividad.

Nosotros debemos enfrentar estos desafíos para mantener los costos, porque una de las ventajas que había tenido Chile es que hasta el año 2004, efectivamente habíamos logrado alrededor de un 80% de nuestra producción en los dos primeros cuartiles de costo y hoy día tenemos alrededor de un 40% de nuestra producción en los dos primeros cuartiles de costos y el resto está más atrás y es evidente que cuando se producen las bajas de precios, quienes quedan más expuestos son aquellos de costos más altos, por lo que ahí viene una amenaza muy concreta que eventualmente en el próximo ciclo, la producción que salga de mercado sea la chilena y por lo tanto se produzcan estos fenómenos no solo de afectación.

5.- ¿Cómo el Programa de Minería Alta Ley hace para llevar de las altas leyes de los recursos naturales a las altas leyes del conocimiento?

R: Lo que hicimos fue transformar esa idea en un producto muy concreto e importante que es la Hoja de Ruta o Roadmap Tecnológico de la minería chilena mirando al 2035. En ese Roadmap lo que hicimos fue recorrer los procesos mineros en su totalidad y buscar cuáles eran los núcleos o espacios donde se estaban produciendo los mayores cuellos de botella en la producción de cobre y eso lo publicamos.

Por lo tanto, hoy día tenemos un mapa para ir abordando este tema y a través de los mismos desafíos que se identificaron ponerlos a disposición del ecosistema de innovación como universidades, emprendedores y proveedores para así trabajar en conjunto y elaborar soluciones que tienen que ver con nuestra realidad en minería.

6.- El Programa Alta Ley también establece que la minería tiene las condiciones necesarias para producir un ecosistema robusto de innovación. ¿Desde ese punto de vista, cuáles son las principales áreas de desarrollo en este ámbito?

R:  Chile tiene las condiciones para desencadenar un ecosistema robusto de innovación en torno a la minería, porque el país concentra alrededor del 30% de la producción de cobre mundial y, por lo tanto, su proyección es poco visible a nivel nacional. Sin embargo, en el escenario mundial es absolutamente identificable.

Por otro lado, la minería chilena ha entrado a una etapa de madurez donde está enfrentando problemas de clase mundial, pero donde también es posible transformarlos en soluciones a nivel global.

El programa Alta Ley precisamente publica estos desafíos, abre y sincera la realidad, y también recibe desde este ecosistema, propuestas de soluciones tanto a nivel de start-ups o emprendimientos tempranos, como a través de proveedores más maduros, universidades y centros de I+D que se han ido instalando masivamente en Chile, a través del esfuerzo continuo de los últimos tres gobiernos y en conjunto con entidades como Corfo, Consejo Nacional de Innovación y las propias compañías mineras que han estado cooperando.

7.- ¿Cuáles son los principales desafíos que se ha propuesto el Programa de Minería Alta Ley en el corto y mediano plazo? y ¿cómo se hace para que estos desafíos tiendan a ser realidad?

R: A corto plazo lo que nos hemos propuesto es actualizar el Roadmap de la minería e identificar los nuevos desafíos que surgen de nuevos contextos; difundirlos y empezar a movilizar el emprendimiento y la asociatividad en torno a la solución de estos problemas.

También nos hemos propuesto desarrollar una cartera de proyectos tempranos, entre los cuales como elementos muy importantes está el proyecto Expande, que es la plataforma de innovación abierta que está gestionada por la Fundación Chile y en la cual participan varias compañías mineras compartiendo sus desafíos más cotidianos.

Está también el proyecto Eleva, el cual es una versión 2.0 del Consejo de Competencias Mineras liderado por el Consejo Minero, destinado al desarrollo de la educación técnica y particularmente para la pertinencia de la educación técnica de aquí al 2023, donde vamos a necesitar alrededor de 30 mil nuevos trabajadores en la minería para el reemplazo de la fuerza laboral que va jubilándose como también para las faenas nuevas.

También hemos identificado que un típico desafío para el desarrollo de tecnologías en minería que es el costo de falla que tiene el sector, ya que detener un proceso minero para probar una innovación o nueva tecnología es algo muy caro. Para abordarlo, se acaban de asignar dos centros de pilotaje y prueba para la tecnología en la minería que tienen como socios a la Universidad Católica, Universidad de Chile, la Universidad Católica del Norte y la Universidad de Santiago.

En el mediano plazo, queremos que estos proyectos que apuntan a capacidades más genéricas gatillen procesos más masivos, más virtuosos en torno al emprendimiento e innovación minera, por lo que estamos monitoreando la cantidad de empresas y soluciones que están surgiendo.

A más largo plazo, nos hemos planteado como visión una meta muy dura, el de llegar a una exportación de unos 4 mil millones de dólares en bienes, servicios y tecnologías asociadas a la minería al 2035 y 250 proveedores de clase mundial. Hoy día los proveedores que exportan en la minería chilena son alrededor de 70 y la cantidad de exportación está en torno a los 500 millones de dólares.