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(NUEVA MINERÍA Y ENERGÍA) Los pasos de la reconversión de Chuquicamata

Por Daniela Tapia

La mina a tajo abierto más grande del mundo dejará de serlo. Luego de un siglo de extracción, el 2018 cerrará sus faenas al aire libre, para sumergirse bajo tierra y convertirse en una de las tres minas subterráneas más grandes del mundo. Por ello, ya se está desarrollando la fase inversional de esta nueva iniciativa, que contempla diversas obras post etapa de obras tempranas.

Un casino, oficinas, áreas de sondaje y hasta estacionamientos para los buses, todo en medio del constante movimiento de trabajadores. Bajo tierra, crece y se desarrolla este nuevo mundo que se prepara para ver nacer uno de los proyectos más emblemáticos de la cartera de inversiones de Codelco.

Con un financiamiento del orden de los US$ 4.200 millones, un peak de cerca de 8.000 trabajadores contratados para sus distintas fases y centenas de kilómetros de túneles, piques y chimeneas de ventilación, surge el proyecto Mina Chuquicamata Subterránea.

Una de las iniciativas estructurales de la cuprífera estatal que busca transformar a la mina de rajo abierto más grande del mundo en una gigantesca operación subterránea, que permitirá explotar los recursos que descansan bajo el actual yacimiento de Chuquicamata.

Con un siglo de explotación, la mina en superficie ya tiene sus días contados. Y es que el paso de su desarrollo bajo tierra tiene tantos caminos como retos por resolver. Dentro de ellos está la necesidad de coordinar la logística de los ingresos a las obras, coordinar las tronadoras de rajo que pueden tener efectos en las obras subterráneas, entre otros aspectos que deben ser atendidos en forma simultánea.

Pero el más importante está en su etapa de inicio del ramp-up, ya que en un período acotado de menos de un año debe efectuarse una explotación simultánea entre el rajo y la mina subterránea.

Tras comenzar su producción en 2019, en 2025 tendrá una producción anual del orden de 320.000 ton de cobre fino y 15.000 ton de molibdeno. Cifras más que cruciales, considerando que la producción a rajo abierto irá en descenso hasta 2018, para cuando se proyectan 258.000 ton de cobre.

De lo que no hay duda es que su reconversión está avanzando a pasos agigantados. Actualmente se está desarrollando la etapa inversional del proyecto, que contempla diversas obras post etapa de obras tempranas; estas últimas recientemente terminadas en abril de este año.

También lleva importantes avances en los túneles de acceso y transporte, los que se encuentran con un nivel de cumplimiento por sobre el 71%, mientras que las obras de interior mina superan el 59%.

En el pique de extracción de aire, en tanto, los avances se encumbran por sobre el 57% y los túneles de inyección de aire se encuentran casi finalizados con más de un 95%. Estos últimos culminarán sus obras de manera adelantada respecto de la fecha programada, “lo que habla del trabajo coordinado y sistemático que estamos realizando en este proyecto”, dice Germán Flores, gerente del Proyecto Chuquicamata Subterránea a Revista Nueva Minería y Energía.

A esto se suman las obras relacionadas con las facilidades constructivas que requiere el proyecto. ¿La razón? Generar a partir del año 2016 obras masivas que permitirán la construcción del área productiva y el montaje de los sistemas electromecánicos del sistema de manejo de minerales.

Mención aparte merece este último sistema a través de correa transportadora que tendrá una inversión cercana a los US$ 400 millones.

Altos costos que para el gerente del proyecto se justifican dada la prolongación de la vida útil que este proyecto le brindará a la división, por lo menos 40 años más, entregando así cuantiosas utilidades tanto a Codelco como al país.

Un variado pool de tecnologías

A 250 metros bajo el imponente rajo de la centenaria mina también sorprende la variada gama de tecnologías que contempla la construcción de la nueva apuesta subterránea. Un aspecto que la compañía minera no dejó al azar. Y es que el pool de equipos es variado.

Es así como incorporará sensores que podrán determinar la ubicación de cada persona que esté en la mina subterránea, además de sensores de proximidad entre equipos móviles y personas. “Por otra parte, estamos trabajando en implementar sistemas de monitoreo de signos vitales de los trabajadores ante rescates de emergencia”, agrega el gerente del proyecto.

En cuanto a equipos mineros, el proyecto contempla un Centro Integrado de Operación y Gestión, desde el cual se podrán monitorear todos los equipos y procesos principales de la mina a distancia, además de operar los equipos cargadores frontales LHD vía telecomando desde este mismo centro.

La factibilidad de las fuentes de abastecimiento hídrico tampoco escapa al plan estratégico del proyecto. En este sentido, serán las mismas que utiliza actualmente la División Chuquicamata, partiendo de la base -según la propia compañía- que la iniciativa no incrementa la cantidad de agua necesaria para el proceso productivo, esto en relación a la cantidad de agua utilizada actualmente en la explotación por rajo abierto.

Asimismo, en relación al uso de la energía eléctrica, el proyecto analizó la alternativa de obtenerla desde el SING, debiendo conectarse a la Subestación Encuentro desde donde utilizarán las torres de la línea de alta tensión habilitada por la División Ministro Hales para llegar hasta la zona del proyecto.

Como el desafío de llevar adelante esta ambiciosa iniciativa es grande, desde la cuprífera destacan que se llevó a cabo un exigente proceso de identificación y evaluación de los riesgos para el negocio. Revisión que dio cuenta de los riesgos críticos, los cuales cuentan con planes de mitigación con el fin de poder disminuir la probabilidad de que éstos ocurran.

Así lo confirma Germán Flores, gerente del proyecto, para quien se aplicó una política de responsabilidad ajustada a los requerimientos de esta nueva apuesta. “No se trata de llegar en el plazo a toda costa. También debemos velar por la seguridad, la sustentabilidad, entre otras cosas, para dar soluciones a la altura de Codelco y sus estándares”, señala.

Y siguiendo la tendencia que apunta a las mejoras medioambientales que en el último tiempo ha incorporado la industria, la mina subterránea tendrá ventajas significativas respecto a la actual operación.

Ejemplo de ello, es la reducción en más de un 90% de la cantidad de material particulado generado por la actual explotación a rajo abierto, además de disminuir drásticamente el actual consumo de hidrocarburos y eliminar el movimiento masivo de material estéril y depósito en superficie.

¿Qué viene? El hito inmediato más importante es el término de la construcción de los túneles de inyección de aire, aproximadamente en septiembre de este año. Obras que están a cargo de la empresa Acciona, que a la fecha registra un avance del 94%.

En esta construcción resalta la instalación en la misma obra de una planta de shotcrete que ha permitido la mezcla de cementos y aditivos, a los que se les incorpora fibras sintéticas que permiten entre otras cosas, la eliminación en el uso de mallas de acero. De esta forma, “se optimiza la reducción de los riesgos de operación, los tiempos de ejecución y la homogeneidad de la mezcla desde el inicio hasta que se entregue finalizada la obra”, indican desde Acciona.

Otro evento relevante corresponde al inicio del montaje del sistema de correas transportadoras dentro del año 2016, además de la conexión del túnel de acceso con las obras de interior mina en marzo de ese mismo año.

A un siglo de haber entrado en operaciones, y tras haber dado riqueza al país durante todo este tiempo, hoy Chuqui experimenta el paulatino agotamiento de su rajo. Ahora la insigne mina ya está embarcada en una gran transformación que le permitirá seguir extrayendo tesoros minerales bajo las profundidades de la tierra.

 

Proyecto Chuquicamata Subterránea

El proyecto, que se ubica a unos 15 kilómetros al norte de Calama, en la Región de Antofagasta, transformará la explotación de la actual División Chuquicamata desde un método de rajo abierto a una explotación subterránea. Esta explotación será realizada en 4 niveles sucesivos mediante el método Block Caving.

Inversión total estimada:

US$ 4.200 millones.

Producción:

320.000 toneladas de cobre fino anuales y 15.000 toneladas de molibdeno. Serán 140.000 toneladas de mineral de producción diaria a pleno régimen.

Base minera:

1.760 millones de toneladas de cobre.

Ley de cobre:

0,71%.

Túneles:

181 kilómetros de túneles.

Ventilación:

8 millones de pies cúbicos de aire fresco por minuto, generando un recambio total aproximado del aire de unas 3 veces por hora.

Dotación:

6.000 trabajadores en promedio durante la ejecución del proyecto, con un peak de 8.000. 1.350 trabajadores directos y 1.250 terceros durante la operación, en su etapa de mayor apogeo.

Permisos ambientales:

El 1 de octubre de 2010 el proyecto obtuvo la Resolución de Calificación Ambiental favorable.

Puesta en marcha:

2019.

Se estima que este proyecto permitirá extender en al menos 40 años la vida útil de Chuquicamata tras su puesta en marcha, en el año 2019.